Villanueva de la Cañada no siempre se llamó así. Durante varios siglos, nuestro municipio fue conocido como La Despernada, un nombre tan peculiar como enigmático, cuyo origen ha dado pie a diversas interpretaciones a lo largo del tiempo.
Para entender cómo surgió el pueblo y su denominación, hay que remontarse a finales del siglo XIII. En aquel momento existía una alberguería llamada de Albueran (palabra que significa “laguna”), situada en un camino secundario que conectaba la vía Segovia-Toledo —pasando por Villanueva del Pardillo— con el sur del sexmo de Casarrubios. Con el tiempo, ese establecimiento dejó de ser un punto de paso temporal y dio lugar a una pequeña aldea permanente, dependiente de Valdemorillo.
La nueva población se conoció como Villanueva de la Cañada, nombre que hacía referencia a la cañada por la que transitaban los rebaños en su camino hacia Extremadura. No fue hasta el siglo XVI cuando el topónimo cambió a La Despernada, y desde entonces surgieron diferentes teorías para explicar este curioso nombre.
La teoría del baile
El doctor Joaquín Vilar y Ferrán, en 1917, apuntó que “La Despernada” podría hacer referencia a un baile o danza especialmente movida que se practicaba en el pueblo. Esta hipótesis encajaría con la existencia, en el siglo XVIII, de una “Plazuela de los Bailes”, situada en la zona de las actuales Plazuela de Evaristo Milla o Plaza de la Tejera. Sin embargo, no existen documentos adicionales que confirmen esta relación.
La leyenda de la princesa
El mismo Vilar recogió otra versión más legendaria: durante una cacería real, una princesa cayó de su caballo y se rompió una pierna (“se despernó”). La historia tendría cierto sentido si se tiene en cuenta que Villanueva de la Cañada era zona de caza real en época de Enrique IV, con una casa destinada a este uso en los Llanos de Valdemorillo.
La estatua despernada
La explicación más documentada aparece en el interrogatorio de Felipe II de 1578, en el que se recoge que el lugar tomó su nombre de una estatua de piedra en figura de mujer, situada en el camino real que unía Segovia y Toledo. Según el testimonio, unos viajeros lanzaron piedras a la figura hasta romperle una pierna, y a partir de entonces se empezó a llamar al lugar “La Despernada”.
Una versión posterior sugiere que aquella estatua —posiblemente una representación de Diana, diosa de la caza— se encontraba junto a una fuente pública del pueblo.
Hoy, una escultura contemporánea situada junto a la iglesia de Santiago Apóstol recuerda esta historia. La obra, realizada por Mercedes Durán, reproduce la figura despernada y se ha convertido en un símbolo local. El Ayuntamiento suele obsequiar con una réplica de esta pieza a los visitantes ilustres.
Una hipótesis más reciente
En 2019, un estudio sobre los caminos de la repoblación segoviana propuso una explicación alternativa. Según sus autores, el nombre podría derivar del término “desasperada”, que significaría “terreno llano”. El origen estaría relacionado con la alberguería de la Asperiella, mencionada en documentos de Alfonso X en 1273, y que algunos identifican con el Palacio de la Asperiella, utilizado por los reyes Enrique IV y Juan II durante sus cacerías. De ser así, La Despernada habría recibido su nombre por encontrarse en un terreno opuesto —un llano— al “aspero” de la Asperiella.
Entre la historia y la leyenda
El origen del nombre La Despernada sigue siendo incierto. Puede venir de una estatua rota, de una caída real o incluso de una simple descripción del terreno. Sea cual sea la versión correcta, todas reflejan una parte del pasado de Villanueva de la Cañada: un lugar vinculado al camino, a la caza y a las historias que los viajeros dejaron tras de sí.

Muy interesante !!!!