Hace unos días, María Martín Pozuelo nos recibió en su casa de Villanueva de la Cañada, en la que ha sido la primera entrevista de la Asociación Histórica Aulencia. Nos hizo pasar un rato estupendo y aprendimos bastante sobre cómo se vivía en nuestro pueblo hace algunas décadas.
Os compartimos a continuación su historia.
Infancia y Guerra Civil
María Martín Pozuelo, la mediana de cinco hermanos, nació el 4 de mayo de 1932 en Villanueva de la Cañada. Su infancia estuvo marcada por una realidad dura desde muy temprano. Su padre, que trabajaba en el campo transportando paja en camiones, falleció con solo 40 años, el 6 de marzo de 1937, a causa de un derrame cerebral.
Aunque lo peor de la guerra no había llegado a Villanueva todavía, la presencia militar ya era abundante en ese momento, con cañones apostados en las cuestas de Valdemorillo, así que, en vez de enterrarle en el cementerio de San Sebastián, le enterraron en el del Cristo.
Unos meses más tarde y con apenas cinco años, la guerra irrumpió de lleno en su vida. En uno de los episodios que recuerda con más intensidad, todo el pueblo tuvo que salir corriendo en medio del peligro, huyendo entre disparos hacia la zona de las fuentes y, finalmente, hasta la carretera de Boadilla. María iba con sus hermanos mayores, separados de su madre en aquel momento. Durante la huida, un falangista que intentó ayudarlos murió alcanzado por una bala.
La familia logró reunirse al subir a un camión militar que los trasladó junto a otros vecinos. Tras pasar unos días en una casa improvisada como refugio, se trasladaron a El Álamo. Allí, María hizo la comunión y comenzó a aprender a leer y escribir. Su madre, viuda y con cinco hijos, tuvo que ponerse a trabajar limpiando en el cuartel de la Guardia Civil, donde, gracias a la ayuda de las mujeres de los guardias, conseguía algunos alimentos en una época marcada por el racionamiento.
Vuelta al pueblo
Con el fin de la guerra y el inicio de la reconstrucción, la familia fue regresando poco a poco a Villanueva. Un primo ayudó a su hermano Arturo a encontrar trabajo en las obras de Regiones Devastadas. Arturo hizo el camino de El Álamo a Villanueva en bicicleta y, en un primer momento, tuvo que quedarse allí en condiciones algo precarias, viviendo en construcciones improvisadas con techos de verdaguera, donde incluso corrían los ratones.
Con 12 años a Arturo le colocaron en casa de una familia acomodada que tenía una pequeña granja y una carnicería y empezó a aprender el oficio de carnicero, en el que le enseñaron a hacer la matanza. ¡Prefería eso a ir a la escuela! Tanto él como su hermano Alfredo refunfuñaban y daban largas cuando tenían que ir a clase. A María, en cambio, le hubiera gustado poder ir regularmente a la escuela, pero tenía que ayudar a su madre con las tareas de la casa. Como a muchos niños de la época, el trabajo llegó pronto.
Los primeros trabajos de María
María dejó el colegio alrededor de los 12 años y comenzó a trabajar en casa de la señora Marina y el señor Luciano. No era un trabajo fácil. La familia, bastante acomodada, la trataba con distancia. A veces la ponían a prueba dejando dinero debajo de la cama para ver si lo cogía mientras limpiaba, y nunca compartían con ella la comida especial, como el turrón que traían de Madrid en Navidad o los dulces que preparaban en casa. La despensa permanecía siempre cerrada con llave.
Su madre le había dado un consejo muy claro: podía comer todo lo que pudiera, pero nunca coger nada que no fuera suyo.
Entre sus tareas estaba expurgar lentejas, judías y granzas, separando los garbanzos pequeños que luego se cocinaban para los segadores gallegos que trabajaban en el campo. También tenía que ir a por agua a los Pocillos, ya que no había agua corriente. El agua servía para todo: cocinar, limpiar, vivir. En estas tareas la acompañaba su amiga Consuelo, y juntas iban con la burra Pepa cargando cántaros.
Cuando regresaba, muchas veces la comida ya estaba fría, “parecía la comida de gato”, según recuerda.
Por la noche, debía limpiar la chimenea y dejar preparada la lumbre para el día siguiente. Además, cuando los segadores pedían leche, tenía que ir a buscarla a casa de la señora Clementina. En esa tarea, al menos, le acompañaba su amiga Ángela.
Más adelante, trabajó en casa de la señora Irene. Allí el sueldo era muy bajo, una peseta diaria, pero el trato era mejor y, además, podía comer con más facilidad, ya que Irene tenía una tienda y solía darle algo, incluso aceitunas.
El gran cambio llegó cuando su hermano Arturo abrió una pescadería. María comenzó ayudando a su hermana Carmen, que vendía pescado por las casas con un remolque. Cuando Carmen se casó, María pasó a encargarse del negocio. Su hermano le pagaba mucho mejor: un duro al día.
Las fiestas del pueblo
A pesar de las dificultades, había momentos de alegría. El cine ambulante que traía el señor Gómez y los bailes eran las principales formas de diversión.
Los domingos, los jóvenes paseaban por la calle Real y luego acudían al rosario en la ermita. Después de comer y de echarse la siesta, la madre de María la despertaba justo a tiempo para llegar al baile y no perderse la jota. Era el momento más esperado del día. María recuerda especialmente los bailes en casa de la señora Eugenia, en un lugar que su madre llamaba el Zambuco, donde sonaba el organillo y todos salían a bailar.
También disfrutaba mucho de las fiestas del pueblo. Primero se celebraba San Isidro, con música que traían los trabajadores del campo, y que se tocaba en la propia calle Real, frente a lo que hoy es la plaza de España. Si llovía, la celebración se trasladaba a casa de la señora Eugenia.
Después llegaba la Ascensión, considerada la fiesta de los ricos del pueblo.
Pero las más importantes eran las fiestas del Cristo, las favoritas de María, que duraban tres días. En ellas se repartía café, algo poco habitual en las casas de la época. María recuerda cómo, incluso trabajando en casa de Irene, podía escaparse al baile en esos días. Su madre, siempre dispuesta a ayudar, acudía entonces a echar una mano en el trabajo.
En las fiestas del Cristo se hacían encierros. A los toros los traían caminando en manada por las cuestas de Valdemorillo y los guardaban hasta el día de la corrida en el patio de la casa de la señora Segunda. ¡A María le daban mucho miedo! Recuerda una vez que uno de los toros usó un pequeño corral para subirse al tejado de las casas. Vitín y el señor Pepe se subieron al tejado para guiar al toro, pero lo único que consiguieron fue caerse a una zona de basurero. Al final usaron las vacas del señor Clemente para atraer al toro y hacerle bajar. ¡fue uno de los mejores toros en la plaza!.
Noviazgo y matrimonio
María conoció a su futuro marido, Lorenzo (al que todos llamaban Loren), cuando tenía unos 14 años, en el baile. Él era hermano de la mujer de Arturo. En aquella época, María vivía en la calle Peligros, y Loren la acompañaba un rato cuando la veía pasar camino de casa de Clementina a por leche.
Fueron novios durante 13 años y se casaron en 1959, cuando ambos tenían 27 años. Tuvieron dos hijos, a los que María crio junto a sus dos sobrinas, hijas de su hermano Arturo.
Loren trabajaba de albañil durante el día y por las noches acudía a la escuela del maestro don Ibo. Más adelante, pasó a trabajar como maquinista de obra, participando en la construcción de las calles de Aluche, en Madrid.
En algún momento, Loren planteó la posibilidad de mudarse a Aluche, pero María prefirió quedarse en el pueblo, donde estaban su familia y su vida.
De hecho, María no conoció Madrid hasta el día en que acompañó a su hermano Alfredo a la estación de Atocha, cuando se marchaba a Sevilla para hacer la mili. Recuerda con especial cariño aquel día: el bocadillo de calamares que comió con su hermana Isabel y la visita al cine Postas, donde vieron Escuela de Sirenas.
La casa de María
Tras la muerte de su suegra, a María y a Loren les correspondieron unas tierras en las Barranquillas y otras por la zona del cementerio del Cristo. Finalmente, las cambiaron por la casa familiar situada en la calle Real, junto a la plaza de la Constitución. La casa necesitaba arreglos, y un primo albañil les ayudó a ponerla en condiciones. Allí comenzaron su vida en común.
Sin embargo, Loren vivió poco tiempo en esa casa. Encontró trabajo en Cádiz y la familia se trasladó temporalmente a un pueblo cercano a Algeciras. Apenas un mes después de llegar, Loren sufrió un accidente con la máquina que manejaba y falleció.
Fue uno de los momentos más duros de la vida de María, que tras ocho años de matrimonio, quedó viuda y con dos hijos.
Desde un primer momento, su cuñada Angelita, mujer de Arturo y a la que María quería como una hermana, la acogió en su casa y la cuidó hasta que María se sintió con fuerzas para seguir adelante por sí misma.
María hoy
Pero, aunque la vida de María no ha sido sencilla y varios familiares se le han ido demasiado pronto, María conserva una gran familia. Hoy tiene a sus nietos y, desde hace bien poquito, también un biznieta. Es una mujer estupenda que en breve va a cumplir noventa y cuatro años y esperamos que lo celebre por todo lo alto y que cumpla muchos más.
¡Gracias María, por compartir tu historia con nosotros!
La entrevista
Puedes ver la entrevista completa en YouTube, en los siguientes videos:
– Autor: Charlotte Kennedy
