Un cotilla de la historia

En todos los pueblos hay personajes que nunca deberían desaparecer de la memoria colectiva.

En este blog pretendo resucitar para las nuevas generaciones algunas profesiones junto a las personas que las llevaron a cabo, y recuperar a personajes casi olvidados para la pequeña historia de La Cañada.

Los nacidos después de los 90, parece que han nacido con un teléfono móvil bajo el brazo, e incluso les cuesta entender que el teléfono fijo, si lo había, era de uso compartido para toda la familia.

La telefonía llego a Villanueva de La Cañada en los años 50. Hasta ese momento cualquier comunicación con familia o amigos se realizaba por carta y la más urgente mediante telegrama.

En nuestro pueblo se instaló una centralita donde ahora se encuentra el restaurante La Partida.

Pusieron al frente de ella a Petra. Os la podéis imaginar con esos cascos que solo le cubrían una oreja y un rudimentario micrófono de baquelita negra. Frente a ella, un panel lleno de clavijas, donde ir conectando las distintas llamadas. Y detrás se situaba la clásica cabina donde acudían los vecinos para poner sus conferencias, ya que inicialmente solo había cuatro teléfonos instalados en todo el pueblo.

El número 1 pertenecía a Don José, el médico del pueblo. El número 2, a Severiano Serrano, el número 3 a Teodoro Ruibal y el número 4 a Justo Serrano.

Posteriormente, se instaló el número 5 en el Ayuntamiento y más adelante se fueron instalando en las casas de otros vecinos. El número 7 se lo dieron a Arturo Martín, que regentaba la carnicería de La Empedrada con la calle Real, hoy desaparecida.

¿Os imagináis a Petri? Tuvo que ser la mujer con más información de todo el pueblo. Solo tenía que mantener, por error por supuesto, la clavija enchufada para conocer cualquiera de las conversaciones que se dieran en el pueblo.

Quiénes hayáis conocido estas centralitas recordaréis que, mientras esperabas sentado tu llamada, era imposible no enterarte de todo aquello que se hablaba dentro de la cabina. El sonido era de mala calidad y todo el mundo subía el tono llegando a veces a gritar, pensando que de esa manera el mensaje llegaría mejor al receptor.

A este cotilla de la historia que ahora escribe, le hubiera encantado conocer Petra. Seguro que conocía cada acontecimiento ocurrido en el pueblo. Nos hubiera ayudado a mantener en la memoria todos esos episodios que parecen intrascendentes, pero reflejan cómo era el pueblo y cómo fue evolucionando. Esta es una parte de nuestro trabajo, no podemos dejar que caiga en el olvido.

Lástima que Petra no se casara ni tuviera hijos que en la actualidad residieran en el pueblo. Me imagino lo que hubieran sido esas cenas al regresar a casa tras una larga jornada en la centralita donde era imposible que no contara alguna de esas conversaciones telefónicas que, una vez más por error, no tuvo más remedio que escuchar. Lástima que con su muerte se fuera con ella, su memoria.

Este pueblo tiene 400 años de historia desde que es Villa, donde no todo ha sido crecer y prosperar.

En próximos post trataremos de contar, con un perfil más histórico que de anécdota, acontecimientos que marcaron la vida de La Cañada.

– Autor: José Antonio Jato

Un comentario en «Un cotilla de la historia»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *