Las actuales fiestas patronales de Villanueva de la Cañada se celebran en honor de Santiago Apóstol, cuya festividad litúrgica tiene lugar el 25 de julio. Desde hace décadas, los festejos se organizan en torno a esa fecha, procurando hacerlos coincidir con el fin de semana más próximo para favorecer la participación de vecinos y visitantes.
El programa festivo combina actos religiosos con una amplia oferta de actividades culturales, deportivas y de ocio. El comienzo oficial tiene lugar con el tradicional pregón, pronunciado por una persona especialmente vinculada al municipio, al que sigue, a medianoche, un espectáculo de fuegos artificiales que marca el inicio de las celebraciones. Las fiestas concluyen con la tradicional traca final.
Las peñas constituyen uno de los elementos más representativos del ambiente festivo. Con sus charangas y pasacalles animan las calles durante el día y la noche, contribuyendo de forma decisiva al carácter popular de las celebraciones. En la actualidad existen cuatro peñas: Los Cucos, Las Katas, Los Tuusos y Los Despernaos. La peña Los Cucos fue la primera en fundarse en el municipio y abrió el camino a las que surgirían posteriormente.
La programación contemporánea incluye conciertos, verbenas, actividades infantiles, competiciones deportivas, fiestas del agua y de la espuma, fuegos artificiales y las atracciones del recinto ferial. En los últimos años se han incorporado también medidas destinadas a favorecer la inclusión, como la denominada “hora sin ruido”, durante la cual las atracciones funcionan sin música ni efectos luminosos para facilitar su disfrute a las personas con trastorno del espectro autista (TEA).
Aunque las fiestas han evolucionado con el paso del tiempo, durante buena parte del siglo XX los festejos taurinos ocuparon un lugar destacado en la programación. Era habitual la celebración de varias novilladas en una plaza portátil, así como encierros y sueltas de vaquillas e incluso de toros, en las que no faltaban vecinos que se animaban a saltar al ruedo armados únicamente con un capote. Estas actividades desaparecieron progresivamente a finales del siglo XX.
La antigua fiesta del Santísimo Cristo
Antes de que Santiago Apóstol se convirtiera en patrón principal del municipio, la festividad más importante de Villanueva de la Cañada se celebraba el 14 de septiembre en honor del Santísimo Cristo. Su origen estaba estrechamente ligado al carácter agrícola de la localidad. Una vez finalizadas las labores del verano y recogidas las cosechas de cereal, los vecinos celebraban estas fiestas como acción de gracias por los frutos obtenidos durante el año. Esta tradición era común en numerosos pueblos de la comarca, muchos de los cuales continúan celebrando sus fiestas patronales en esas fechas.
El traslado de la festividad principal al 25 de julio tuvo lugar durante el mandato del párroco don Jesús de Santos. Desde entonces, Santiago Apóstol pasó a ser el centro de las fiestas patronales, mientras que el 14 de septiembre quedó reservado para la festividad del Santísimo Cristo Resucitado, en torno al cual se constituyó una hermandad que mantiene viva esta devoción.
Las fiestas de antaño
Las celebraciones de mediados del siglo XX eran muy diferentes de las actuales. Las atracciones eran escasas y estaban dirigidas principalmente a los niños. Entre los recuerdos más repetidos por los vecinos figura la presencia de un vendedor de almendras procedente de Pastrana y de un heladero, que constituían prácticamente toda la oferta destinada al público infantil. También las orquestas eran muy modestas, integradas generalmente por tres o cuatro músicos.
El verdadero protagonismo recaía entonces en los festejos taurinos. Estos se celebraban en la Plaza de España, lo que obligaba a cortar la antigua carretera que atravesaba el casco urbano. La plaza de toros se levantaba de forma totalmente artesanal gracias al trabajo desinteresado de los vecinos, que aportaban carros y remolques con los que se formaba el ruedo. Los distintos elementos se unían mediante postes y cuerdas, mientras que los cajones utilizados para transportar las reses desde el campo hacían las funciones de toriles.
Uno de los momentos más esperados era el encajonamiento de los toros. Desde primeras horas de la mañana numerosos vecinos acudían a los prados para presenciar cómo el ganado era reunido y preparado para su traslado al pueblo. Aquellas jornadas, organizadas con medios muy sencillos pero con una extraordinaria participación vecinal, forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones.
Los vecinos de mayor edad recuerdan que, muchos años atrás, los toros eran conducidos desde los prados hasta el pueblo completamente sueltos, guiados por los mayorales a caballo. Una vez en la localidad, las reses eran encerradas en corrales particulares hasta el momento de los festejos. Entre las anécdotas más recordadas figura la ocurrida en 1952, cuando uno de los toros consiguió subirse al tejado de una vivienda tras apoyarse sobre una de las pocilgas del corral en el que había sido encerrado. El insólito episodio permaneció durante décadas en la memoria popular y aún hoy continúa siendo una de las historias más conocidas de las antiguas fiestas de Villanueva de la Cañada.
En aquellos años, según recuerdan numerosos vecinos, las fiestas ya se celebraban en el mes de julio, circunstancia que contribuyó a consolidar definitivamente el calendario festivo que ha llegado hasta nuestros días.
– Autor: Isidoro García
