En lo que hoy podemos considerar el centro de Villanueva de La Cañada, antes del 18 de julio de 1936, teníamos la iglesia parroquial de Santiago el Mayor, y dos ermitas, la de San Isidro y la de La Hermandad de la Ascensión.
Desgraciadamente los tres edificios, como el resto de las casas del pueblo, terminaron derruidos en la ofensiva del ejército de la República entre el 5 y el 6 de julio de 1937. A estos tres edificios le dedicaremos otro post más adelante.
Al frente de la parroquia, desde principios de 1936, estaba el párroco Don Ignacio Robledo García, un salmantino de Lumbrales de 33 años. Procedía de la parroquia de Zarzalejos, donde sufrió persecución por milicianos del pueblo, llegando a temer por su vida.
Fue un párroco de procedencia muy humilde y cercano a sus parroquianos entre los que se hizo querer y respetar. Desde siempre se hacía acompañar de su hermana Margarita, huérfanos los dos desde muy pequeños.
Con anterioridad a Don Ignacio, el párroco de la Cañada fue Don Santiago Granizo González, un hijo del pueblo, nacido el 31 de enero de 1879, y que ejerció su cargo entre 1931 y diciembre de 1935, coincidiendo con los años más complicados para la iglesia católica en España, si no tenemos en cuenta los años convulsos de la Guerra Civil. Entre otros niños bautizó a Angelita, una de nuestras entrevistadas el mes pasado.
Tenía 52 años al comienzo de su labor pastoral y le resultó muy difícil ganarse el respeto de sus feligreses en el pueblo, debido a su edad y proceder de una familia importante de La Cañada. Al igual que sus antecesores en el cargo, moriría como mártir de la iglesia, asesinado en la Checa de Fomento el 5 de octubre de 1936.
Pero volvamos al Padre Ignacio. En los primeros días del alzamiento, quiso tomar la iniciativa en lugar de esperar acontecimientos o huir para salvar la vida y se presentó al alcalde de Villanueva y a las Juventudes Socialistas. El alcalde era Luciano Serrano y el jefe de las Milicias de Villanueva, Félix Patier.
Estos le tranquilizaron y le convidaron a continuar en el pueblo por estar satisfechos con su actuación y, para su tranquilidad, le pusieron una guardia de protección por si llegaban elementos extraños. Estaba bien considerado por la clase modesta, hasta el punto de llamarle “el cura enemigo de los ricos”. Se reunía en esos días con los milicianos locales con los que mantenía charlas sobre el momento político. Esta situación duró un mes escaso, hasta el 12 de agosto, cuando el alcalde y el jefe de milicias le recomendaron salir del pueblo. Con la llegada de milicianos de otras poblaciones, les resultaba imposible garantizar su seguridad.
En ese momento dejó la casa parroquial en manos de la Guardia Civil y la iglesia, al sacristán.
Félix Patier, junto con dos milicianos, lo trasladó a la Dirección General de Seguridad en Madrid. Es muy probable que el traslado lo realizaran en el Pontiac requisado días antes a Don Isidoro Serrano de La Torre. Al llegar a Madrid y una vez vista la situación, fue puesto en libertad al no tener cargos en su contra, pero al verse solo, sin dinero y siendo cura, prefirió entrar en la cárcel en calidad de detenido voluntario. Lo avaló en su declaración, Félix Patier como presidente de las Milicias de Villanueva.
No parece probable que se reincorporara como párroco del pueblo con la entrada del bando nacional, ya que se encontraba detenido en Alcalá de Henares, aunque existe una supuesta carta escrita por Don Ignacio, el 1 de julio de 1937, enviada desde Villanueva de La Cañada, como figura en el libro “Martirologio Matritense del siglo XX” publicado por el Arzobispado de Madrid.
Fue encarcelado en la Casa de Trabajo de Alcalá de Henares y acusado de Desafección al Régimen. Este centro se inauguró en agosto de 1934 bajo la Ley para Vagos y Maleantes de 1933 y funcionó con la idea de “albergar, tratar y reeducar” a presos. Con la victoria del bando nacional, tras ser rehabilitado, continuó como campo de concentración.

Con esta carta el Juzgado numero 4 de Alcalá de Henares solicitaba al Presidente del Consejo Municipal de Villanueva de la Cañada, “informaciones y antecedentes de carácter Político-social” del sacerdote, ignorando que el pueblo había desaparecido en la ofensiva de la Batalla de Brunete de julio de eses mismo año.
Ya a finales de 1937 pasó en varias ocasiones por el Hospital Penitenciario debido a una tuberculosis pulmonar que padecía.
Finalmente, en enero de 1938 se produjo el sobreseimiento provisional de su causa, lo que supuso su traslado del Hospital Penitenciario al Hospital Francés, considerado Asilo humanitario, por contar con pabellón y protección diplomática extranjera. Este sirvió como refugio y lugar seguro para muchas personas perseguidas o civiles que buscaban amparo. A los pocos meses, falleció de tuberculosis y fue enterrado en el cementerio de La Almudena de Madrid.
Esta es la historia del último párroco de Santiago el Mayor de Villanueva de La Cañada.
– Autor: José Antonio Jato
