La ermita de la Hermandad de la Ascensión

De la Ermita de la Hermandad de La Ascensión, desgraciadamente, solo queda el frontis de la entrada. Para el Padre Gonzalo, párroco de la iglesia de San Carlos Borromeo, es muy probable que perteneciera a la orden de Los Carmelitas Descalzos, ya que en la piedra está grabado un triángulo que simboliza la montaña, el monte Carmelo, y es coronada con una cruz.

El cementerio unido a la misma, se llamó “Cementerio de La Hermandad de La Ascensión” e inicialmente solo se enterraban a los miembros pertenecientes a la hermandad, por eso era llamado por los vecinos el “cementerio de los ricos”.

El terreno era de la familia Serrano, promotores de la Hermandad y del propio cementerio, pero la iglesia se negó a que pudiera estar en manos privadas y se quedó con su gestión.

En 1936 en la ermita había un Cristo denominado Cristo de la Sangre, que las mujeres del pueblo limpiaban y arreglaban.

Una mañana de mayo, cuando las mujeres acudieron a la ermita, se encontraron que alguien había entrado y arrancado al Cristo de la Cruz. Lo hicieron con prisas y de malas maneras, hasta el punto de dejar uno de sus brazos colgando de la Cruz.

Se lo llevaron y se organizó una búsqueda por todo el pueblo, pero no había manera de localizarlo ni rastro de él. Se sospechó que podía estar en el campo, ya que el trigo estaba lo suficientemente crecido como para ocultarlo.

Lo terminaron encontrando de casualidad, en la parte alta de un depósito de agua que había en lo que hoy es la calle Eras de Móstoles. Lo descubrieron gracias a que el viento movió la vestimenta del Cristo.

El hecho causó un gran disgusto dada la devoción existente en el pueblo por su Cristo. Una vez reparado, el pueblo reaccionó y, de forma espontánea, “se formó una manifestación, sin permiso de la autoridad, en el pueblo de Villanueva de la Cañada integrada por unas doscientas cincuenta a trescientas personas”, como consta en el escrito del Juzgado Instructor de Navalcarnero. Si tenemos en cuenta que la población de La Cañada no llegaba a los mil cien habitantes, y no olvidemos el miedo a posibles consecuencias, que las hubo, la manifestación la podemos considerar como absolutamente multitudinaria.

Se sacó al Cristo por las calles trasladándolo posteriormente a la ermita. Como acto final del desagravio, se realizó una misa oficiada por el párroco, Don Ignacio Robledo García, agradeciendo la aparición de la imagen.

Para entender el contexto político del momento, Villanueva de La Cañada no era ajena a los avatares políticos que se vivían en España. La población también estaba muy radicalizada en dos bandos.

  • Bloque de Derechas (CEDA / Renovación Española / Agrarios): Fue la opción rotundamente mayoritaria. Los candidatos de las derechas (encabezados en Madrid-provincia por figuras como Rafael Esparza o Filiberto Villalobos) obtuvieron una media de entre el 80% y el 85% de los votos emitidos en el pueblo.
  • Frente Popular (Socialistas, Izquierda Republicana, Comunistas): La coalición de izquierdas (que a nivel de la provincia de Madrid llevaba a candidatos como el socialista Julián Besteiro) quedó en una minoría muy clara en el municipio, obteniendo en torno al 15% de los apoyos (aproximadamente 40-50 votos de los jornaleros de la zona).

Estos datos son los que hemos encontrado como resumen del voto en las elecciones de 1936 en el pueblo. Estamos a la espera de poderlos contrastar con las actas originales.

En la calle se profirieron palabras y gritos contra la República, según consta en el atestado. Félix González Brunete gritó “Viva Cristo Rey”, lo que le supuso más adelante desaparecer sin que se supiera más de él, hasta que al finalizar la guerra apareció en la ciudad de Valencia.

Los milicianos locales avisaron a los guardias de asalto que llegaron de Madrid durante la celebración de la misa, entraron en la Iglesia y registraron a todos los presentes.

Como consecuencia de la manifestación fueron detenidos y encarcelados en Navalcarnero, Lorenzo Serrano Rodríguez, Fulgencio Sánchez González, Mariano García Lorente, Isidro García García, Feliz González Brunete, Wenceslao Ruibal Serrano y Felipa Sánchez Martin. Todos ellos acusados de Desórdenes Públicos.

Una vez instruida la causa, el Juez de Instrucción decidió convertirlo en falta en lugar de delito. El veintinueve de mayo se ordenó la puesta en libertad de los detenidos.

Con el Alzamiento Nacional el final del Cristo de la Sangre no fue distinto al de muchas otras imágenes: fue fusilado y quemado.

– Autor: José Antonio Jato

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