El testamento de María Martín Casado

Capítulo 1 de una serie sobre la vida en Villanueva de la Cañada en el siglo XVII

En marzo de 1646, una vecina de Villanueva de la Cañada, enferma en su casa de la calle Camino de Quijorna, decidió poner por escrito lo que debía ocurrir tras su muerte. Se llamaba María Martín Casado. No dejó memorias ni relatos, pero sí algo mucho más revelador: su testamento, un codicilo posterior y el inventario completo de sus bienes tras su muerte.

A partir de esos documentos podemos reconstruir su vida con un nivel de detalle poco habitual: su casa, su familia, sus tierras, sus deudas, sus objetos cotidianos y, sobre todo, su forma de entender el mundo. Porque un testamento del siglo XVII no era equivalente a los actuales. No era sólo un reparto de bienes: era una declaración de creencias, de prioridades y una herramienta para organizar lo que venía después.

Este artículo es el primero de una serie en tres partes dedicada a María. En este capítulo nos centraremos en su testamento y en lo que nos dice sobre la mentalidad de la época: la relación con la muerte, la importancia de la religión y la necesidad de dejarlo todo atado. En el siguiente entraremos en su casa y en la vida cotidiana, y en el último veremos cómo esa casa funcionaba como una unidad económica dentro del pueblo.

 ¿Quién fue María Martín?

Obtener un retrato de un vecino de hace casi cuatro siglos no es tarea sencilla. En sus documentos no se nos habla de ellos directamente, pero permiten intuir algunas características que nos ayudan a entender quiénes fueron.

De María Martín podemos decir que fue una villanovense bien avenida, buena gestora de su patrimonio y, sobre todo, una cristiana devota, características de las que iremos hablando en cada uno de los artículos de esta serie. Hija de Polonia Casado, estuvo casada con Gabriel Hernández Agudo, quien falleció antes de que el matrimonio pudiera engendrar hijos. María tenía una hermana, Isabel, que se casó con Juan González, un vecino de Villanueva del Pardillo con el que tuvo dos hijos: Tomás y Miguel. Tenía también una cuñada, Francisca Hernández Agudo, que estaba casada con Antonio Cardeña, con quien tuvo a María Cardeña.

Árbol genealógico de María Martín Casado
Figura 1. Árbol genealógico de María Martín Casado

Preparar la muerte

Con la muerte cercana, María, como era habitual en aquella época, tenía una preocupación primordial: dejar resuelto lo que quedaba atrás y al mismo tiempo atender a lo que se consideraba más importante, el destino de su alma. Los testamentos por aquel entonces funcionaban como una combinación de documento administrativo, en el que se repartía el patrimonio y se planificaba el entierro del difunto, pero también como una afirmación de la fe, que quedaba reflejada en la cantidad de misas que el difunto pudiera dejar pagadas.

Misas y relaciones

En el caso concreto de nuestra vecina, dejó encargadas en su testamento más de 1.000 misas por su alma, la de su marido, familiares y por distintas advocaciones religiosas. Un número bastante más elevado que otros testamentos de vecinos del pueblo. Las misas se debían celebrar a lo largo del año siguiente a su entierro no sólo en la iglesia del pueblo, sino en otros espacios, como en la iglesia de San Felipe, los conventos de Nuestra Señora de Balber, del Carmen, de la Santísima Trinidad y de San Francisco, en Madrid, o los altares privilegiados del Real Convento de San Lorenzo. Con una limosna estipulada en 2 reales por cada misa, una parte significativa de los bienes de María tras su fallecimiento irían directamente a asegurar su salvación y la de sus difuntos más allegados.

Las personas cercanas que quedaron en vida también jugaron un papel importante en la salvación de María; fueron las que se encargaron de gestionar, como herederos, su patrimonio para que éste siguiera asegurando la celebración de misas a perpetuidad por María y los suyos. Este tipo de disposiciones, que se conocen como capellanías, están asociadas a un patronato y a un vínculo (explicaremos las diferencias y relaciones entre uno y otro en otro artículo).

La herencia

María, que no tenía descendencia, dejó como albacea y patrón del vínculo que establecía su testamento a Pedro Serrano, presbítero del pueblo, y un orden sucesorio bastante estricto. En primer lugar, heredaría sus bienes su hermana Isabel, a condición de que se mudara a vivir en su casa de la calle Camino de Quijorna. A continuación, heredarían los bienes sus sobrinos Tomás y Miguel y, tras ellos, sus descendientes, siempre y cuando fueran varones y presbíteros. En el caso de que no hubiera por esa línea sacerdotes, heredarían los descendientes varones de su primo Francisco Salobral o los del matrimonio de Miguel Martín y Ana Merinero que ostentaran ese cargo.

A cambio de recibir la herencia y beneficiarse de los réditos que ésta diera, las personas que María había designado tendrían que rezar, a perpetuidad, una misa semanal por su alma.

María falleció el 14 de marzo de 1646, al poco tiempo de redactar su última voluntad. Las disposiciones que dejó encargadas se ejecutaron según los procedimientos bien regulados de la época, todo bajo la supervisión de su albacea. Por un lado, se realizó un inventario detallado de sus bienes, se contabilizó el dinero existente y parte de los objetos que se encontraron en su casa se vendieron en almoneda pública para obtener liquidez con la que cumplir las mandas, especialmente el pago de misas.

La línea sucesoria y capellanía establecidas por María se mantuvieron durante, al menos, un siglo. Así, en 1752 encontramos a Marcos Hernández, presbítero del pueblo, vecino de Boadilla del Monte, como encargado de la capellanía de María. Y es que nuestra antigua vecina supo preparar bien su testamento, no sólo organizando su muerte, sino asegurándose de que su casa, su patrimonio y su memoria perduraran durante generaciones.

En los siguientes capítulos hablaremos de ese patrimonio que María dejó y que benefició durante generaciones a los presbíteros del pueblo.

 Referencias

  • Testamento de María Martín. AHPM, tomo 30.841, f.245-250 (AHA-PR-00040)
  • Testamento de María Martín, continuación. AHPM, tomo 30.841, f.251-275 (AHA-PR-00041)
  • Cuenta de María Martín y Catalina Martín. AHPM, tomo 30.841, f.276-293 (AHA-PR-00042)
  • Catastro de Ensenada. Bienes Eclesiásticos. “España, Catastro de Ensenada, 1749-1756,” images, FamilySearch, Madrid > Villanueva de la Cañada > Bienes de eclesiásticos > image 1 of 63; Archivo Historico Nacional, Madrid (provincial archives, Madrid) (AHA-PR-01103)

– Autor: Charlotte Kennedy Domínguez

Un comentario en «El testamento de María Martín Casado»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *